
Realizada inmediatamente antes de iniciar el antes referido ciclo de westerns, El asesino anda suelto quizá sea una de las películas pertenecientes al cine negro de los 50 que ofrecen una mirada más demoledora sobre el American Way of Life, centrando su atención en la caza que la policía hace de un convicto fugado que trata de vengarse del policía que le cazó tras ser cómplice del robo al banco en que trabajaba, y que además mató accidentalmente a su esposa durante su detención.


Boetticher se sirve de este material para ofrecer una dirección directa y rotunda, creando una tensión in crescendo que no decae durante toda la trama, mientras Poole va estrechando el cerco que le dirige a su objetivo con la facilidad de alguien que pasa por un ciudadano más normal y corriente, e incluso haciendo partícipe de la acción al tiempo lluvioso que recorre la película. Boetticher aporta una planificación cuidada al milímetro, con escenas modélicas como la del juicio, donde Poole no quita ojo de la que será su sueño más codiciado; aquella del autobús en la que Lila solo cree ver a su ejecutor, o la ya célebre escena en casa del ex sargento de Poole que concluye con la devastadora muerte de este (soberbia resolución con la botella de leche), prácticamente copiada por John Frankenheimer en El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, 1962); por no hablar del clímax final, todo un prodigio del montaje paralelo.
Se vio ayudado Boetticher por el excelente concurso de su trío protagonista. Joseph Cotten demuestra otra vez que por sus venas en vez de sangre corría el don de la interpretación, aun cuando su personaje es el menos interesante entre los principales. Por su lado, Rhonda Fleming posiblemente esté ante la mejor interpretación de su carrera, menos glamorosa y mejor actriz que nunca. Pero a quien hay que alabar realmente en esta ocasión es a Wendell Corey, que hace una labor impresionante. Su manera de andar entrecortada y oscilante, su voz suave y pausada y la expresión de sus ojos, que hay que adivinar tras sus gafas, dan al personaje una humanidad que engaña y disfraza su mente obsesionada. La gente que asesina no es sino un obstáculo antes de llegar a su objetivo. Un personaje complejo, poliédrico y fascinante, maleado por una sociedad que quizá debiera haberle atendido en vez de despreciarlo.
FICHA TÉCNICA
Dirección: Budd Boetticher.
Producción: Robert L. Jacks, para Crown Productions/United Artists.
Guión: Harold Medford, según un argumento de John y Ward Hawkins.
Fotografía: Lucien Ballard.
Música: Lionel Newman.
Montaje: George A. Gittens.
Intérpretes: Joseph Cotten (Detective Sam Wagner), Wendell Corey (Leon “Foggy” Poole), Rhonda Fleming (Lila Wagner), Alan Hale Jr. (Denny), Michael Pate (Detective Chris Gillespie), John Larch (Otto Flanders ), Dee J. Thompson (Grace Flanders), John Beradino (Mac), Virginia Christine (Mary Gillespie), Paul Bryar (Greg Boyd), Don Beddoe, Richard H. Cutting…
Nacionalidad y año: Estados Unidos, 1956.
Duración y datos técnicos: 73 min. 1.37:1. Blanco y negro.